Anoche, mientras tomaba unas cervezas con McBride en el Club Arkadin, y a colación de mi anterior entrada en el blog sobre los trapos sucios de las Corporaciones, llegamos a la conclusión de lo poco que se conoce acerca de nuestra condición de Agentes Libres. La mayoría de vosotros estáis tan absorbidos por la propaganda y el estilo de vida corporativo, que sois totalmente ajenos a otras posibilidades.

El bueno de McBride me pasó algunas notas de su diario de misiones y, tras obtener su permiso, voy a publicar algunas de ellas y que así no sólo os sirvan como ideas o ejemplos para una buena partida de rol de Mutant Chronicles, si no también como muestra de lo duro que es nuestro trabajo y, para daros cuenta, que la mayoría de vosotros, nenes corporativos, no tenéis madera para sobrevivir ahí afuera sin el abrigo de mamá corporación…

PERSEGUIR AL HEREJE

Cuando recibí la llamada de los Hermanos supe que iba a ser algo difícil. El Inquisidor Kane quería verme tan pronto como fuera posible. Durante cinco segundos pensé en rechazar la oferta (nunca me ha gustado la idea de visitar las ensangrentadas celdas que hay bajo la catedral de Luna), y después cogí un taxi. Por norma, intentó mantener contenta a la Hermandad. Fui encerrado en una celda de meditación. El Inquisidor me estaba esperando. “Encuentra a este hombre” dijo. Eso era todo. La reunión había acabado.

agente libre

agente libre

La ficha estaba incompleta. Tenía el nombre, edad y última dirección conocida de Lucius Theroux. Además se incluía una breve descripción. Y todo en ese papel grueso y cosido a mano que usa la Hermandad. En el encabezado de cada página estaba el sello de la Inquisición. Su mera presencia me ponía nervioso. Llamé a la oficina y puse a mis ayudantes en el caso. lcepick fue a los Archivos para comprobar los antecedentes de Theroux. Bruiser se puso en contacto con sus viejos amigos en Personas Desaparecidas. Me preguntaba en qué me había metido.

Probé con la dirección. Por supuesto, no había nadie. Hablé con los vecinos, pero Theroux no había ido desde hacía semanas. Me dijeron que era un hombre muy extraño, y que justo antes de desaparecer su comportamiento era más extraño aún. Recientemente había adquirido un amuleto de jade. Algunos de los vecinos le habían visto acariciándole y hablándole. A todo el que pregunté me contó la misma historia. Theroux era un lunático. En la quinta puerta tuve suerte. El tipo era fotógrafo aficionado y tenía fotos de todo el barrio. Tenía una fotografía de Theroux hablándole a su amuleto. El vecino pensó que era gracioso. Theroux parecía un tipo raro. De mediana edad, pelo cano, cara arrugada y ojos brillantes y penetrantes. Las runas de su amuleto eran intranquilizadoras.

Me puse en contacto con lcepick. Los archivos indicaban que Theroux tenía una hermana. lcepick había hablado con ella. Decía que no sabía nada de su hermano desde hacía años, aunque lcepick dijo que parecía muy asustada. Le había dejado una de nuestras tarjetas por si cambiaba de opinión y quería hablar. lcepick miró por la ventana tras finalizar la entrevista y vio como la hermana había telefoneado a alguien. Bruiser no había encontrado nada.

Decidimos encontrarnos en la oficina y ver si podíamos poner algo en claro. Para ser honesto, estaba totalmente perplejo. Cuando llegué a la oficina pude ver unas llamas verdes surgiendo de su interior. Un muro de calor hizo que me alejara de la puerta. Durante un segundo me pareció distinguir una figura humanoide en el interior, pero eso era imposible. Nadie podía sobrevivir en ese infierno. ¿No? Cogí un extintor e intenté sofocar las llamas, pero estas no se extinguieron ni al llegar los bomberos.

Y tan inesperadamente como habían aparecido, las llamas se desvanecieron. Creí ver una figura salir corriendo de la oficina. Cuando miré más de cerca, vi unas huellas brillantes rodeadas de fuego. Mientras miraba, iban desapareciendo. No tenía otra elección, y las seguí. lcepick y Bruiser me siguieron nerviosamente. Las huellas nos llevaron a lo más profundo de los cimientos de un edificio, y desde allí a un entramado de viejos túneles que recorrían el interior de la ciudad, un legado de los días casi olvidados en los que no había ni aire ni calor. Encendimos nuestras antorchas y nos introdujimos en su interior. Tenía la palabra trampa en la punta de la lengua.

El ataque fue repentino y terrorífico. Quizá hayáis escuchado rumores acerca de tribus caníbales de mutantes que viven bajo la ciudad. Os aseguro que no son rumores. Nos atacaron unos salvajes semidesnudos de dientes afilados y miradas dementes. En medio, dándoles órdenes, estaba Lucius Theroux. Las cosas se pusieron complicadas. Ellos eran superiores en número, pero nosotros teníamos mayor potencia de fuego.

Al final, les vencimos y los supervivientes se desvanecieron en la oscuridad, con Theroux. No estábamos en condiciones de seguirlos, ya que lcepick estaba malherido, y volvimos por nuestro camino. Después, me volvieron a solicitar mi presencia en la Catedral. El Inquisidor escuchó impasiblemente mi historia. Deseé poder ver la cara bajo la máscara y leer lo que estaba pensando. Finalmente, se limitó a entregarme un sobre. Era un cheque bancario del Banco del Cardenal de Luna, por la suma de 35000 coronas. El dinero cubrió las reparaciones en la oficina y las facturas médicas de lcepick. Eso fue todo. Me pregunté cómo lo supo el Inquisidor. Me pregunté cuándo volveríamos a encontrarnos con Theroux…