PROPIEDAD PERDIDA

Parecía un caso bastante sencillo. El cliente era un imbécil al que le habían robado el coche y quería que lo encontráramos. Para ser más exactos, quería que encontráramos el maletín que había dejado en el asiento del copiloto. Le pregunté para quién trabajaba. Cuando me dijo que trabajaba para Capitol estuve a punto de rechazar la misión. No merece la pena meterse con los chicos grandes. Le sugerí que quizá fuera mejor informar a Seguridad Capitol. Palideció, y fue cuando supe el motivo. Le dije que si quería que trabajáramos para él, sería mejor que nos contara la verdad.

Casi se derrumba y se pone a llorar. La maleta contenía unos planos muy importantes que se llevaba a casa para trabajar en ellos. Nunca debió haberlos sacado de la oficina. Si Capitol se entera, será despedido, o algo peor. Su historia apestaba más que un pez muerto, pero los diez mil que me ofreció en efectivo me ayudaron a taparme la nariz. Si mi cliente se había visto mezclado en un caso de espionaje industrial y había metido la pata no era mi problema. Estaba corto de pasta.

Llamé a mis ayudantes y envié a lcepick a investigar a los ladrones de coches, y a Bruiser a los traficantes, para ver si podía encontrar un coche que encajara con la descripción del de mi cliente. Yo me dediqué a hablar con un par de tipos a los que describirías como criminales, si eres una de esas personas a las que les gusta esquivar balas. Para evitarnos los detalles, finalmente encontramos el coche. Presionamos al traficante y nos dio el nombre del hombre que se lo había vendido, de manera estrictamente confidencial. Registramos el apartamento de ese hombre y encontramos al ladrón del coche. Llevaba un traje a medida de Bauhaus y bebía champán del zapato de una rubia muy cara. Le preguntamos acerca del maletín. Bruiser no fue amable y finalmente nos dijo que lo abrió y que no se creyó lo que vio. Contenía planos con el logotipo de Capitol y a través de un perista se los vendió a Bauhaus. Por lo que a mi respectaba, el tema estaba zanjado. No iba a meterme con una megacorporación.

Al volver a la oficina, una berlina negra de Bauhaus se situó tras nuestro coche. Sus ocupantes llevaban trajes caros, que encajaban muy bien con sus fusiles de asalto Panzerknacker. Los hombres se dispusieron a enseñarnos como funcionaban. La seguridad de Bauhaus había decidido quitarnos de en medio. Juré que si sobrevivía, me cargaría al ladrón de coches. Debía de haber telefoneado a las oficinas de Bauhaus. Intercambiamos disparos hasta llegar al Puente del Sector Occidental. Las cosas pintaban bastos hasta que Bruiser consiguió empujar a la berlina a través de la barrera. Vi caer el coche entre el gran cañón de hormigón que hay entre los rascacielos. Tardó bastante tiempo en llegar hasta el suelo. En la carretera brotaron flores de fuego.

Entonces lo supe, iba a morir. Si una megacorporación te quería muerto, tu vida se había acabado. Estrujé mi cerebro buscando una salida, y cuando tuve un plan lo suficientemente disparatado como para que funcionase, llamé al Mayor Strasser, en la oficina de seguridad de Bauhaus de esa zona. Le sugerí un trato. Para mi sorpresa, accedió a escuchar. Al final, todo funcionó. Mi cliente recuperó sus planos y consiguió mantener su trabajo, Buiser, lcepick y yo seguimos vivos. El Mayor Strasser tiene un nuevo agente dentro de Capitol y nos pagó 70000 coronas por arreglar el trato.

Ni siquiera traicioné la confidencialidad de mi cliente. Simplemente le dije que la única manera de recuperar los planos era si iba a ver a Strasser. Strasser tiene copia de todo en cinta, y no siento pena ninguna por mi cliente.