La Guardia del Señor Heredero Moya

Bajo el control directo de Lord Moya, se estima que el número de componentes de la Guardia es algo menor de mil guerreros. Están especialmente entrenados para combatir en túneles. El regimiento, compuesto exclusivamente por Samuráis de Mishima con una amplia formación adicional, se encuentra estacionado en Mercurio. En las minas, túneles y cavernas que se encuentran en las entrañas de este planeta, su formación especial les proporciona una clara ventaja que también emplean para luchar en las zonas subterráneas de otras ciudades del sistema solar.

Los escuadrones de la Guardia de Lord Moya permanecen en los túneles que surcan el interior de Mercurio durante semanas o incluso meses. Suelen viajar en total oscuridad para evitar que cualquier mínima luz llegue a delatar su posición. Los túneles son a veces tan oscuros y estrechos que ni siquiera un hombre puede mantenerse en pie, llegando a obligar a los miembros de la Guardia a luchar campañas enteras en cuclillas. Pasar meses sin poder estirar por completo las extremidades o no ver una luz que no sea el fogonazo de un rifle, puede llevar a cualquier hombre normal a la locura, por lo que es imperativo que ningún miembro de la Guardia tengan la más mínima claustrofobia.

Para formar parte de la Guardia del Señor Heredero Moya hay que presentarse de forma voluntaria. Cualquier Samurái puede hacerlo y deberá someterse a las pruebas de acceso obligatorias para unirse al regimiento. Las duras pruebas hacen especial hincapié en la resistencia mental. En una de las muchas pruebas, el Samurái aspirante es encerrado en una habitación cerrada completamente a oscuras, previamente se le hace entrega de la llave que abre la puerta y le permite salir fuera de la habitación. Para pasar la prueba, el Samurái debe sentarse en la sala, sin poder ver absolutamente nada, sin ningún tipo de estímulo ni interacción con el mundo exterior y permanecer, al menos, un mes antes de salir. Los registros indican que la estancia más larga en la habitación ha sido de 67 días y fue el propio Lord Moya, pero incluso él tuvo que salir para no volverse loco.

Si un Samurái pasa todas las pruebas, siendo muchas de ellas demasiado duras para ser descritas aquí, comienza el entrenamiento con la Guardia. La mayor parte del entrenamiento gira en torno a simular su futura vida en los estrechos túneles en los que tendrán que luchar sin apenas espacio para maniobrar, en desplazarse rápidamente a través de ellos y ponerse a cubierto cuando no haya una cobertura adecuada. En un entrenamiento tan exigente como este, no puede faltar la preparación física y mental para que el Samurái esté listo para lo que se va a encontrar en la lucha en los túneles. El régimen de entrenamiento completo tiene una duración de varios meses, tras los cuales, el Samurái debe pasar una serie final de pruebas antes de que se le permita unirse formalmente a la Guardia del Señor Heredero Moya.

La Guardia del Señor Heredero Moya se enfrenta a tareas mucho más agotadoras y exigentes que las que cualquier Samurái normal pueda encontrarse. Es muy frecuente que se les envíe a luchar contra enemigos desconocidos. Cuando una expedición minera es masacrada en los túneles, o un tren es emboscado y destruido, es la Guardia de Lord Moya la encargada de rastrear a los atacantes a través de los túneles, hacerles frente, y cobrarse venganza. La actividad de la Legión Oscura en las alcantarillas que cruzan las grandes ciudades es habitual y es otro frente donde la Guardia de Lord Moya debe luchar.

En la guerra en Mercurio la Guardia es utilizada a menudo en acciones de sabotaje y maniobras de flanqueo. El especial entrenamiento de sus miembros les permite moverse a través de los sinuosos y largos túneles hasta la parte posterior de la fuerza enemiga o hasta zonas estratégicas de los campamentos enemigos. El conocimiento de estos pasillos y túneles invisibles para cualquiera no entrenado, proporciona una ventaja muy valiosa.

Una de las batallas más famosas en las que participó la Guardia fue cuando la mano derecha de Lord Moya, Makazagi, dirigió dos escuadrones de la Guardia detrás de una brigada blindada de Bauhaus, desplazándose por pasadizos hasta ese momento desconocidos, sin registros ni mapas, los escuadrones se acercaron hasta el frente de la brigada sin ser detectados. En un determinado punto, la columna blindada de 26 tanques en total tenía que pasar uno por uno a través de los túneles, siendo ese el lugar elegido por los escuadrones para lanzar su ataque. Una lluvia de granadas perforantes y disparos de Dragonfire detuvieron a los dos primeros vehículos, provocando el bloqueo de toda la columna y poniendo un anticipado fin a su avance. Los escuadrones de Lord Moya desaparecieron de nuevo en los túneles antes de que la infantería de Bauhaus pudiera llegar hasta ellos, regresando al campamento con tan sólo dos bajas.

UNIFORME

La Guardia del Señor Heredero Moya lleva los colores típicos de Mishima cuando desfilan, pero no en combate. Cuando se disponen a combatir, adoptan un esquema de color más oscuro del que es común en las fuerzas de Mishima. Las hombreras y partes blindadas de la armadura son normalmente de color marrón o negro, mientras que las partes con menor blindaje tienen tonos más claros de gris o marrón. Estos patrones de color están diseñados para mimetizarse con la tenue luz de las zonas subterráneas donde la Guardia lucha.

COMBATE

Las unidades de la Guardia no combaten sobre la superficie como las tropas normales, aunque se sabe que en alguna ocasión ha llegado a suceder. Cuando no están en los túneles luchan como cualquier otra tropa. Pero es en los túneles, alcantarillas, cámaras de aire y pasillos atestados donde luchan con un estilo propio. Están capacitados para luchar en estos lugares cerrados gracias a gafas especiales que aumentan la poca luz que hay en los túneles, y su armadura está equipada con ganchos especiales para permitirles maniobrar en zonas difíciles.

También, debido a la naturaleza de los lugares en los que se mueven, están acostumbrados a luchar contra enemigos a los que no pueden ver. No hay nada que motive más a la Guardia, que un misterioso y desconocido enemigo. Estar dispuesto a perseguir a cualquier cosa y luchar contra lo que desconoces requiere nervios de acero, lo que acaba convirtiendo a los miembros de la Guardia en soldados despojados de cualquier miedo o temor.

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