La llegada de los Apóstoles Oscuros

Y después llegó la era del terror. El poderoso Algeroth, Apóstol de la Guerra y Señor de la Tecnología Oscura hizo su aparición en Venus y nada pudo resistírsele. Era el enemigo definitivo de la humanidad. Sus ejércitos eran superiores en número a los de cualquier corporación. Sus armas eran extrañas y terribles.

Hordas interminables surgían de las necrocámaras y cámaras de distorsión de sus Ciudadelas. Los Necromutantes lideraban a miles de Legionarios No-Muertos comidos por las moscas en el campo de batalla.

Los poderosos Ezogules galopaban a través de las abigarradas filas de los ejércitos corporativos. Razidas de carne rocosa se abrían camino con sus enormes armas. Con Algeroth al mando, los ejércitos de la Oscuridad parecían invencibles. Caminó a través de la masacre mientras de su cuerpo surgían todo tipo de armas. Quienes le hicieron frente murieron. Era implacable, despiadado, astuto, el enemigo más terrible al que jamás se había enfrentado la humanidad.

Armadas con la Tecnología Oscura creada por el ingenio de sus Tecrones, las Cohortes de Algeroth eran prácticamente invencibles.

Las fábricas de sus Ciudadelas vomitaban incesantemente armas para la Legión Oscura, hechas a partir de su Tecnología Oscura. Sus ejércitos eran los más numerosos. El simple rumor de su presencia bastaba para que los ejércitos se desbandaran histéricos por todo el campo de batalla. Era el Apóstol Oscuro más temido.

La victoria parecía cierta para él. Apareció para hacer pasar a la humanidad el peor momento de toda su historia.

 

El Primer Sello de Repulsión < Anterior — Siguiente > La Cruzada Venusiana