Por John Richardson

Fitch escuchó con atención mientras sus auriculares emitían un leve pitido hacia sus oídos. La precisión del escáner estaba al máximo mientras comprobaba cuidadosamente la selva que tenía enfrente de él. De nuevo hubo un leve pitido. Silenciosamente deslizó sus dedos sobre el teclado para enviar unos cuantos comandos de ajuste y unos segundos más tarde fue recompensado con información fiable.

Giró su cabeza hacia la derecha lentamente, llevando su mano derecha hasta su rostro y haciendo señales con sus dedos a Jerry Cooper, que esperaba a unos 15 metros de allí. Esa era la distancia a la que se podía ver en medio de la jungla. Hoy tendrías suerte si consiguieras ver más allá, porque hoy estaba lloviendo, como ayer y los cuatro días anteriores.

Cuatro días de lluvia. Cuatro días escuchando los golpecitos de las gotas de lluvia cada vez más fuertes contra tu casco. Cuatro días de calcetines, calzoncillos y comida húmeda. Cuatro días siguiendo a cinco honorables miembros de la corporación Cybertronic, o a cinco bichos de Cybertronic como decía Fitch. A Fitch se le escapaba por qué alguien querría tener los cuerpos cibermejorados de esos tipos.

«Parece que los bichos por fin vienen hacia nosotros» se dijo a si mismo. Cooper le respondió a sus gestos… su escáner lo había confirmado, cinco cuerpos metálicos moviéndose a 100 metros al noroeste. En esta dirección.

Cazador de Cybertronic

Cazador de Cybertronic

100 metros y todo lo que Fitch tenía eran dos cargadores para su M50, una espada corta Punisher mellada y el traje camaleón del Capitán Pearson, que llevaba dos días muerto. Cooper tenía menos incluso, no disponía de traje Camaleón y la M-89 era más de lo que podía manejar. Después de las muertes del Sargento McFarland, del Capitán Pearson, de Teller, Vincent y Pollard, Cooper y Fitch eran los últimos dos miembros de la escuadra H-1-3 Sierra. Los Leones Marinos son duros de matar y la Escuadra Sierra no era una excepción. En igualdad de fuerzas se habían enfrentado con éxito a Cybertronic, pero ahora la situación era distinta. Eran dos contra cinco, y esa es una proporción muy mala cuando te enfrentas a armas pesadas y a humanos supermejorados. Fitch sabía que se podían quitar de en medio a cinco Cazadores con la M-89 asegurada contra un árbol mientras él disparaba desde un lado.

«Disparos a la cabeza. Chico, lo que necesitamos son impactos perfectos en la cabeza» pensó Fitch. Pero conocía las posibilidades de obtener buenos tiros en la densa jungla con esta lluvia torrencial.

Cooper se concentraba en su escáner Y Fitch miró el suyo. En línea recta, venían directos hacia ellos. No había duda que habían sido descubiertos, la única posibilidad era superarles en potencia de fuego. Huir no era una opción.

Fitch miró a Cooper, que estaba sujetándose con los dedos sus párpados, haciendo la señal de «acercándose». Fitch se preguntaba cuanto se tendrían que acercar antes de que Cooper disparara. Las señales de su escáner indicaban un cambio en el movimiento. Los cinco no se desplegaban, eso era previsible. Lo que no esperaban era la señal de que el enemigo se movía mucho más rápido que antes. Moviéndose en su dirección a través de la frondosa jungla.

A 100 metros, Cooper hizo cantar a la M-89. La había asegurado contra un árbol para apoyarse, aunque estaba pasándolo mal para mantener bajo el cañón. Pero la ametralladora pesada seguía disparando, abriendo una senda en la jungla con su mortal salva de balas. El cuerpo de Cooper se agitaba como una muñeca de trapo, con su dedo apretando el gatillo y disparando furiosamente hacía la lejanía…

Fitch abrió fuego con su M-50, disparando en la misma dirección que Cooper, mientras el cañón de la M-89 comenzó a chirriar y a repiquetear al quedarse sin munición. Fitch no podía escucharlo, ensordecido por sus propios disparos y por la lluvia. Apenas se enteró cuando estalló una de las trampas que habían puesto con granadas. Su cargador se acabó, lo expulsó e introdujo uno nuevo sin perder un instante, disparando desordenadamente frente a él. La vegetación y el agua caía alrededor suyo a medida que las balas abrían nuevos caminos en la selva que le rodeaba y su escáner pitaba frenéticamente, aunque él no se daba cuenta. En unos pocos segundos, su cargador volvía a estar vacío.

Sintió un dolor abrasador en su brazo izquierdo y supo que había sido herido. Buscó el autoinyector pero no estaba, aunque sí aparecieron las drogas de combate del capitán. Agarró la unidad, clavó el inyector neumático en su muslo y pulsó el gatillo. Fitch empuñó su Punisher, como precaución hasta que todo se aclarara… lo suficiente para ver que las balas no rebotaban cerca de él. Debían de estar delante suyo recargando. Empezó a levantarse y vio a un Attila surgir de entre la vegetación. De repente, la cabeza del Attila brilló cuando una ráfaga de balas de gran calibre rebotaron en él. El enorme ser balanceó su arma para hacer frente a la nueva amenaza, mientras la M-89 de Cooper intentaba acabar su trabajo. Su cabeza se desgajó, estallando en una lluvia de chispas y su cuerpo cayó hacia atrás. La cabeza de Cooper se reclinó hacia atrás y su vista se nubló. Fitch corrió hacia Cooper, pero ya estaba muerto, con su cuerpo lavado por la lluvia, el cañón chisporroteando por el agua y el calor y sus ojos abiertos. Fitch nunca supo que le alcanzó, cuando apareció un Coracero y le destrozó la espalda con fuego de ametralladora pesada.