Las Primeras Guerras Corporativas

Las corporaciones observaron sus mundos y vieron que todo era bueno. Todo el sistema solar estaba bajo su control. Nada podía desafiar su dominio. La suya era la civilización más grande, más poderosa y más avanzada que jamás había existido. Controlaban tecnologías que estaban más allá de los sueños de cualquier humano. Podían curar al enfermo y alimentar al hambriento. Conocían los secretos para alterar planetas enteros. Eran orgullosos y altaneros pero su orgullo no serviría para nada, porque iban a encontrar un poder que desafiaba todo conocimiento humano. Cada aspecto de nuestra civilización estaba condenado al fracaso.

Todo comenzó cuando los Conquistadores de Imperial llegaron a Plutón, el planeta frío y oscuro situado en la frontera de nuestro sistema. Allí encontraron una extraña lápida. No tardamos mucho tiempo en comprender qué habían despertado al abrirla, aunque se perdió al instante el contacto con ellos. Poco después la Simetría Oscura atravesó el sistema y empezó a infectar las poderosas Máquinas Inteligentes. Había comenzado la primera y más sutil tentativa del Alma Oscura de doblegar a la humanidad.

Empezaron a suceder extraños acontecimientos. Los complejos sistemas tecnológicos fallaron. Las centrales eléctricas explotaron destruyendo ciudades enteras. Las Máquinas Inteligentes enloquecieron, volviendo sus armas automatizadas contra la población civil. Las grandes redes de crédito electrónico se colapsaron, hundiendo el sistema económico.

Aparecieron nuevas plagas que sembraron la muerte entre la población. Por todas partes se escuchaban rumores de sabotaje y las corporaciones se culpaban unas a otras. Las influencias malignas saturaron las Máquinas Inteligentes, señalando como culpables de todo a las corporaciones rivales, cuando eran inocentes. En medio de la confusión, nadie podía diferenciar la verdad de la mentira. Los hombres confiaban tanto en las máquinas que seguían creyendo lo que decían aun cuando sus propios ojos veían algo diferente.

A medida que se colapsaban los sistemas, iban desapareciendo los títulos de propiedad y dejaron de existir las facturas y los contratos. Toda la economía, de la que dependía la prosperidad de los mundos, se evaporó de la noche a la mañana. Cuando las fábricas automáticas se detuvieron y todo el sistema se quedó sin energía, sus habitantes se rebelaron, culpando de la catástrofe a sus líderes. Lo más fácil para los gobernantes era culpar a las corporaciones rivales y la tensión resultante condujo a un conflicto abierto. Llega una era oscura nueva. Comenzaron las Primeras Guerras Corporativas. En el Marte meridional, las tierras más fértiles y prósperas del sistema solar fueron arrasadas por los combates entre Capitol, Mishima e Imperial. En el archipiélago Gravetón de Venus, en las Mil Islas, estalló una lucha titánica entre Bauhaus, Mishima y Capitol.

Se combatía en cada mundo civilizado, entre todas las corporaciones. El miedo alimentaba las luchas. Temían que la oscuridad se adueñara de todo, que la tecnología se adueñara de la humanidad.

Se forjaron nuevas alianzas cuando alguna de las partes implicadas veía una ventaja temporal, pero esas alianzas se olvidaban cuando surgía la menor oportunidad. Fue una era de traiciones terribles que alimentaban los odios y resentimientos que persistieron durante siglos. Fue una era de violencia desbocada en la que las corporaciones se atacaban entre sí a la menor provocación. Los combates engendraban más combates. La violencia alimentaba la venganza.

 

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