Las Segundas Guerras Corporativas

Era inevitable que la aparición de una nueva corporación rompiera la armonía que nuestra Hermandad había tardado tanto tiempo en conseguir. El equilibrio de poder cambió cuando los componentes y armas de Cybertronic llegaron al mercado.

Las primeras escaramuzas estallaron en Mercurio entre Mishima e Imperial por el control de Fukido. En Venus, las corporaciones emprendieron una guerra de todos contra todos por el Archipiélago Graveton. Al sur de Marte, todas las corporaciones combatieron por la posesión de las tierras fértiles. Los choques armados y las guerras a pequeña escala surgían por todas partes. Antes de que nadie pudiera detenerlas, las Megacorporaciones había vuelto a seguir sus viejas pautas de enfrentamientos y conflictos. La Era de la Fe había terminado. Comenzaban las Segundas Guerras Corporativas.

En esta nueva era no hubo paz. Sólo había breves respiros que aprovechaban los combatientes para rearmarse. Se forjaron alianzas momentáneas entre dos potencias para vencer a una tercera, aunque ese tipo de alianzas se rompían cuando los antiguos socios disputaban por los despojos.

Fue una época de guerra total en la que las Megacorporaciones se volvieron a involucrar en una lucha interminable. Fue una época en la que la mayoría de la humanidad mantenía su cabeza baja y deseaba que les dejaran en paz. Los empleados de la corporaciones creían que sus superiores tenían la razón, mientras que el resto rezaba para que las bombas no cayeran sobre ellos. Los agentes libres luchaban diariamente para ganarse la vida a la sombra de los gigantes corporativos. Sólo el Cártel y la Hermandad estuvieron por encima de los conflictos e intentaron mantener la paz.

Una vez más, las naves espaciales se aventuraron más allá de Júpiter. No encontraron resistencia. Unas cuantas llegaron incluso a Nerón. Ninguno regresó. Era una advertencia a la que nadie prestó atención. Las Segundas Guerras Corporativas continuaban. La violencia alcanzó niveles insospechados. Ciudades enteras fueron borradas del mapa. Las fortificaciones se propagaban como un cáncer sobre la superficie de los planetas.

Y sólo entonces sucedió algo que detuvo momentáneamente las actividades bélicas de las Megacorporaciones. Se fundó una nueva Ciudadela en los desiertos de Marte. Como el primer síntoma de una enfermedad terrible, había aparecido cuando la guerra era más intensa. Inmediatamente, Capitol envió una escuadrilla de cazas de combate para destruirla, pero sus aeronaves fueron derribadas por Imperial. Nadie sabe por qué.

Se enviaron emisarios al Cardenal a toda prisa. La fuerza de Doomtroopers entró de nuevo en servicio y fueron enviados a investigar la Ciudadela. Los Doomtroopers supervivientes informaron que estaba habitada. Las élites corporativas se estremecieron. Lo que durante tanto tiempo habían pensado que era una leyenda, existía. La Legión Oscura había regresado.

Las corporaciones esperaron temerosas. En remotas regiones surgían de la noche a la mañana nuevas Ciudadelas. Se enviaron tropas y se declaró la guerra. La Legión Oscura había vuelto reforzada con una cantidad de soldados no vista desde la Cruzada Venusiana. Sus naves oscurecieron los cielos. Ahora la humanidad se enfrentaba, otra vez, a la más terrible amenaza. La locura humana no parece tener límites y en el trasfondo de las Segundas Guerras Corporativas, cada bando intenta usar la llegada de la Oscuridad para su propio interés.

A pesar de todo, hay signos de esperanza. Los legendarios Doomtroopers vuelven a pisar los campos de batalla. A medida que crece la amenaza de la Legión Oscura, el poder del Cardenal también lo hace. Bajo la bandera del Cártel, las Megacorporaciones han dejado a un lado sus diferencias para obtener unas cuantas victorias sobre la Legión.

En esta era en la que el destino de la humanidad pende de un hilo, en la que la amenaza de la Oscuridad podría obligar a la humanidad a unirse. Si no lo logramos, pereceremos. Hermanos, sólo podemos rezar para que esto no suceda. Debemos resistir juntos o morir.

Esta es una era de héroes.

 

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